Las dos caras de Claudia Sheinbaum: la presidenta de México afianza su gobierno pese a las contradicciones

2026-09-15 18:57:29 - MUNDO

La presidenta Claudia Sheinbaum cumplirá el 1 de octubre sus primeros dos años al frente del gobierno de México. Es el primer tercio de una administración marcada desde su inicio por presiones externas e internas que en ocasiones tienen puntos de contacto, pero que nos han ido mostrando el perfil de la primera mujer en ocupar el más alto cargo del país.

Pero esta doble circunstancia, la interna y la externa, la comparten la mayoría de los mandatarios del mundo, por supuesto. Así que con el título de este artículo no solo me refiero a Claudia Sheinbaum y sus circunstancias, sino a una característica que hemos ido conociendo con el paso del tiempo: la condición de desdoblarse para atender asuntos internos y externos, que convive con su capacidad de navegar siempre entre dos aguas intentando mantener a flote el barco que capitanea, no siempre con los mejores resultados.

En temas internos, la presidenta intenta imponer su proyecto personal de país al tiempo que cuida no romper con los lineamientos establecidos por su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, líder y fundador de su movimiento.

En asuntos externos, emite discursos en los que parece abanderar una fuerte defensa de la soberanía del país, marcando límites a las solicitudes de Donald Trump —principalmente— pero al mismo tiempo alinea sus políticas a los planteamientos de la Casa Blanca. Es una aparente contradicción que ha rendido frutos al evitar confrontaciones innecesarias con su par de Estados Unidos.

Esas son las dos Claudias Sheinbaum, que inevitablemente me hacen recordar el famoso cuadro "Las dos Fridas" de la pintora mexicana Frida Kalho, parte del extraordinario acervo del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Pero esa es otra historia.

La curadora Emma Dexter frente a "Las dos Fridas" en Londres en 2005. - AFP/Getty Images

Frente a las exigencias de Washington sobre seguridad, migración y comercio, la presidenta Sheinbaum ha diseñado un discurso de nacionalismo: México es soberano, no acata instrucciones de otros países; México rechaza la injerencia extranjera en sus asuntos internos; México colabora, pero bajo el principio del respeto mutuo.

Cada provocación de Trump, que han sido muchas e incontables, recibe una respuesta de Sheinbaum en esos términos. Es el guion preestablecido de la presidenta, que responde así cuando Trump exige más colaboración en materia de combate al narcotráfico principalmente, pero también en temas como migración o comercio.

Ha sido motivo de muchos análisis -que no voy a detallar- el Donald Trump que llegó en a su segundo mandato: un Trump más agresivo, directo y dispuesto a llevar a límite su forma de pensar y actuar. Solo basta ver la forma en que el comercio global se ha reconfigurado con la política nacionalista y arancelaria del mandatario estadounidense.

Del "América para los americanos" de la doctrina Monroe, hemos pasado a la versión renovada con la doctrina "Donroe", como el propio Trump la ha rebautizado. Por muy obvias razones, este Donald Trump ha tenido un impacto contundente en México: cada movimiento en políticas migratorias, comerciales y de seguridad tiene un impacto gigantesco dentro de México.

Llama la atención la coincidencia de mandatos entre Trump y Sheinbaum, quien asumió la presidencia en octubre de 2024. Cuatro meses después Trump llegó a la Casa Blanca por segunda ocasión; entonces el presidente estadounidense no llegó como una sorpresa electoral, como sí lo hizo en su primer mandato. Era evidente que Trump estaba dentro de los cálculos más razonables para la nueva administración mexicana y por ello había que diseñar un discurso a la medida.

Además, México, por su historia y geografía, ha tenido que manejar la relación con Estados Unidos de una manera distinta a muchos otros países del continente. Al mismo tiempo, en México gobierna un movimiento de izquierda que, como sucede en casi toda América Latina, ve en Estados Unidos una amenaza constante a la soberanía. Es por eso que México ha requerido marcar líneas muy precisas entre colaboración y respeto, como un mensaje a Washington, que sobre todo debe leerse al interior de México.

La otra Sheinbaum mantiene una relación directa y amable con el mandatario estadounidense, quien más allá de lanzar frases provocadoras y a veces denostativas contra México, exalta la relación que tiene con la presidenta de México y en general se refiera a ella en buenos términos y con respeto, algo que habría que exaltar, sobre todo cuando el tono de los ataques verbales contra Canadá, su otro socio comercial, ha ido en aumento y derivado en una guerra comercial de "arancel por arancel" como lo planteó el primer ministro canadiense Mark Carney.

Esa Sheinbaum, despojada de discursos, colabora en materia de seguridad como no se había hecho en administraciones anteriores y obtiene resultados concretos. Sí muchos de estos resultados son exigencias de Washington, pero responden a una necesidad binacional de reducir la violencia, golpear a las estructuras criminales en su operación financiera y dominio territorial.

Se han logrado golpes contundentes al Cartel Jalisco Nueva Generación, uno los más poderosos del mundo, con el abatimiento de su líder, Nemecio Oseguera Cervantes, "el Mencho", en un operativo ejecutado por las fuerzas armadas mexicanas pero con la colaboración de la inteligencia estadounidense; se han decomisado grandes laboratorios de drogas sintéticas -cuya existencia se negaba en la anterior administración mexicana, de López Obador-; se ha reducido en un 22 por ciento el número de muertes asociadas al consumo de fentanilo en Estados Unidos, que representa un gran logro.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, en la conferencia de prensa de este martes 14 de abril de 2026. - Gobierno de México

Adicionalmente, en acciones que no tienen precedentes en la relación bilateral, México ha accedido a enviar a distintos centros carcelarios de Estados Unidos un total de 92 presuntos criminales que son buscados en ese país, sin necesidad de pasar por ningún procedimiento de extradición o deportación.

Simplemente los ha subido a un avión (han sido tres grandes envíos) y los ha entregado a las autoridades estadounidenses, abriendo un debate dentro de México sobre la legalidad de estas acciones.

El tema migratorio ha sido otro ejemplo de colaboración, en el que México ha cumplido un papel fundamental en la contención de migrantes que intentan llegar a Estados Unidos a través del territorio mexicano. Según el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos los cruces fronterizos han disminuido un 95 por ciento, siendo el nivel más bajo desde hace tres décadas. Por supuesto esto es resultado de la política de detención y deportación en Estados Unidos, pero también se explica por el despliegue de la Guardia Nacional de México en sus fronteras.

Finalmente, en el aspecto comercial, la presidenta Sheinbaum ha evitado la confrontación ante las amenazas arancelarias de Trump, algo muy distinto a lo que ha hecho Canadá. Recordemos que los tres países siguen negociando la extensión del acuerdo trilateral de libre comercio, pero bajo condiciones arancelarias impuestas por Washington.

El resultado de la estrategia de Sheinbaum es evidente: México se ha consolidado como el principal socio comercial de Estados Unidos, Según el Instituto Nacional de Estadística de México (INEGI), el 84.5 por ciento de las exportaciones tienen como destino Estados Unidos. El dato se complementa con el reporte de la Oficina del Censo de Estados Unidos que detalla que el 18 por ciento de las importaciones estadounidenses provienen de México, superando a China, Canadá y Vietnam. De ese tamaño la relación entre ambos.

Hace unos días Trump dijo, de manera denostativa, que de México no obtiene gran cosa, porque Estados Unidos solamente importa "tomates" y "tamales". La realidad muestra otra cosa: a pesar de los aranceles México ha aprovechado el momento y se ha colocado como el mayor exportador de equipos de cómputo, autos, cerveza, alimentos y sí, tomates, aguacates y quizás tamales.

A través de su conferencia diaria, la mandataria Claudia Sheinbaum ha reiterado que su proyecto es de continuidad a los principios establecidos por el líder y fundador del movimiento de la Cuarta Transformación, Andrés Manuel López Obrador. De hecho, la conferencia matutina es una muestra de esa continuidad: más que una estrategia de comunicación es un ejercicio de gobierno en tiempo real. A esta continuidad la presidenta la denominó como "el segundo piso de la cuarta transformación".

A pesar de insistir en el discurso de unidad, hay temas en los que se evidencia una separación a algunos de los principales postulados de su antecesor, tanto que algunos integrantes de los grupos de la izquierda más radical hablan de traición.

Cuando a Sheinbaum se le cuestiona sobre un posible rompimiento con el pasado que le dio origen, ella lo niega rotundamente. Sin embargo, al mismo tiempo es evidente que "la otra Claudia" ha impulsado cambios importantes.

Frente a los compromisos económicos derivados de los programas sociales (becas universales para jóvenes, apoyo a adultos mayores, entre otros) que le dejaron un presupuesto muy ajustado, esa Claudia ha tenido que considerar temas que eran prohibidos en la administración pasada, como proponer aumentar la producción petrolera por medio de la técnica de fracturación hidráulica, conocida como fracking, a la que se oponen muchos sectores de la izquierda mexicana que conforman la Cuarta Transformación.

También abrió la posibilidad de establecer contratos mixtos en energía, entre capitales privados y las empresas paraestatales, una línea que no se cruzaba en la administración anterior, que mantenía el concepto de "soberanía energética" por encima de cualquier rédito económico.

Pero quizás el cambio más grande es el de la estrategia de seguridad: un viraje de 180 grados que pasó de famoso "abrazos no balazos" de López Obrador -que llevó al país a un número de homicidios sin precedente- a una estrategia basada en labores de inteligencia y acción para frenar la ola criminal. En su informe de labores por su segundo año de mandato, Sheinbaum ha presumido una reducción de homicidios de 53 por ciento.

Más allá de estos cambios de rumbo necesarios, la verdadera distancia con el lopezobradorismo se ha dado más en el terreno político, por el control del movimiento. Es innegable que López Obrador mantiene un liderazgo dentro de los sectores más "duros" de la izquierda, y que tiene un peso específico en el partido Morena, a través de varios liderazgos más identificados con él que con los grupos afines a la presidenta. Y llega un momento en que la situación puede ser insostenible, sobre todo cuando se definen puestos de elección en comicios como el que viene en 2027, en donde en más de la mitad de los 32 Estados del país se renovarán gobernaturas, congresos locales y la Cámara de Diputados federal en su totalidad. Morena, el partido de la presidenta, pretende mantener la mayoría que ostenta, pero ya ha sucedido que esa mayoría no acompaña a la presidenta en sus decisiones.

Con movimientos sutiles, pero efectivos, poco a poco Sheinbaum ha logrado ir transformando la estructura del partido con cambios estratégicos en la dirigencia nacional y en otros puestos importantes de coordinación territorial y electoral.

Además, se produjo el retiro de la secretaría de organización del partido que ocupaba Andrés Manuel López Beltrán, hijo del exmandatario, quien se sabe era su operador político dentro del partido. López Beltrán, conocido como Andy, optó por una candidatura local en el estado de Tabaco, cuna del movimiento que encabezó su padre.

Por cierto, pocos meses después de que López Beltrán dejara el cargo en Morena, el mismo difundió la información sobre el retiro de su visa de Estados Unidos, por medio de una carta dirigida en fuertes términos al presidente Donald Trump, que hasta hoy no tiene respuesta.

Sheinbaum ha podido colocar sus piezas en el tablero de ajedrez que representa Morena, para asegurar la viabilidad de su proyecto en el segundo tramo de su administración, y más allá, la posibilidad de influir en el rumbo de la sucesión presidencial. ¿Es demasiado pronto para eso? Sin duda, pero no hay tiempo que perder.

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Fuente: cnn.com
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